A 89 años de la masacre de 1937: Las revelaciones históricas sobre el horror en la frontera
- 2026-10-02
- Autor: Lency Alcántara
Se cumplen hoy 89 años de uno de los episodios más trágicos de la historia dominicana, un acontecimiento analizado en detalle por el historiador Reinaldo Espinal.
Fue un 2 de octubre de 1937, encontrándose en la provincia de Dajabón, cuando el dictador Rafael Leónidas Trujillo impartió la orden fatídica de asesinar a miles de hombres, mujeres y niños haitianos en distintas localidades del país.
El epicentro de la tragedia y las excepciones
Los ingenios y la excepción de Quinigua: El análisis detalla que únicamente los haitianos que laboraban en los ingenios azucareros —donde el capital extranjero norteamericano tenía incidencia— se vieron a resguardo de aquella disposición draconiana. Un caso similar de excepción fue el de la Yuquera, en Quinigua (Santiago), donde la mano de obra haitiana tampoco sufrió daños.
La naturaleza de la orden: Espinal subraya que se trató de una disposición estrictamente personal del tirano, fundamentada en su poder omnímodo, en la cual participaron principalmente militares y reos. Asimismo, diversas fuentes señalan que no pocos soldados actuantes se encontraban bajo los efectos del alcohol.
Según expone el historiador Reinaldo Espinal, los efectos implacables de este designio se sintieron con mayor intensidad en la región del Cibao y, de manera muy particular, en la zona fronteriza del noroeste.
La solidaridad del pueblo dominicano
A pesar de la barbarie estatal, Espinal destaca la postura del pueblo dominicano, el cual —tal como ponderó en su momento el historiador Bernardo Vega— no fue partícipe de dicha atrocidad. De acuerdo con los registros, numerosas familias escondieron a ciudadanos haitianos para salvarlos del machete y del puñal, exponiéndose a graves riesgos personales.

A nivel interno, la dictadura enfrentó una situación imprevista cuando los haitianos que laboraban en los ingenios, aterrorizados, quisieron retornar a su país. Esto motivó que Trujillo determinara, apenas dos meses después, que los braceros debían permanecer en los ingenios al término de la zafra para no afectar la producción.
El impacto internacional y la «diplomacia del pacto»
Como relata Reinaldo Espinal, la reputación del Estado dominicano se vio severamente menoscabada, ya que la prensa internacional, los exiliados y los opositores utilizaron la matanza como bandera de campaña en contra de la dictadura. No obstante, gracias a una eficiente diplomacia trujillista y a la influencia del dictador en la política de Haití a través de colaboradores como Anselmo Paulino, se lograron evitar sanciones internacionales.
Temiendo un conflicto bélico entre ambas naciones, Trujillo invocó principios de moral internacional y envió un mensaje telegráfico al presidente haitiano Stenio Vincent el 22 de diciembre de 1937. En el texto, propuso un «pacto de honor» para disipar cualquier temor de una guerra. La respuesta de Vincent llegó al día siguiente, señalando que la lucha armada jamás había sido una opción y que el diferendo se manejaría por vías pacíficas.
El acuerdo definitivo en Washington
El conflicto diplomático quedó zanjado de forma oficial el 31 de enero de 1938 mediante la firma de un acuerdo en Washington.
Los firmantes: Por la República Dominicana rubricaron Andrés Pastoriza y Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, mientras que por Haití lo hicieron Abel N. Leger y Hoffman Philips.
La compensación económica: El gobierno haitiano, presidido por Stenio Vincent, aceptó recibir de Trujillo la suma de 750,000.00 dólares como reparación por los daños.
Cierre del diferendo: El artículo XII del pacto estableció formalmente que el acuerdo cerraba cualquier diferendo existente entre ambos gobiernos a raíz de los sucesos ocurridos en el último trimestre de 1937
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