Qué dejó y qué no logró el Consejo Presidencial de Transición al cerrar su ciclo en Haití

Qué dejó y qué no logró el Consejo Presidencial de Transición al cerrar su ciclo en Haití

El Consejo Presidencial de Transición (CPT) de Haití llega este sábado al final de su mandato dejando un balance marcado por avances limitados, promesas incumplidas y una crisis de gobernabilidad aún sin resolver, en un país donde persisten la violencia armada, la debilidad institucional y la ausencia de un rumbo político claro.

Haití, la nación más pobre de América, no celebra elecciones desde 2016 y se encuentra sin presidente desde el asesinato de Jovenel Moïse en julio de 2021.

La desaparición del CPT, creado en abril de 2024 ante la crisis política, social y económica, deja al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé solo al frente del gobierno de transición. Fils-Aimé enfrenta ahora el reto de organizar elecciones legislativas y presidenciales, previstas para el verano, en un contexto de fuerte presión internacional y apoyo de Washington a su administración.

La semana pasada, el CPT anunció el inicio de un proceso para reemplazar al actual primer ministro por uno interino en un plazo máximo de 30 días. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por organismos internacionales y varios países, entre ellos Estados Unidos.

Sin el respaldo de una clase política profundamente dividida en su país, le resultará difícil conducir a la sociedad hacia las urnas.

La violencia de las bandas criminales se intensificó desde principios de 2024, cuando el entonces primer ministro Ariel Henry fue obligado a dimitir. Según la ONU, las pandillas controlan el 90% de Puerto Príncipe y mataron a casi 6.000 personas en 2025. Unos 1,4 millones de haitianos fueron desplazados y casi la mitad de la población enfrenta grave inseguridad alimentaria, incluidos 1,2 millones de niños menores a cinco años.

El balance del CPT generó críticas. Ted Saint Dic, miembro de uno de los grupos políticos que eligió a los miembros del consejo, lo calificó de “fracaso total” y afirmó que “han hundido aún más al país en la crisis”. El ex primer ministro Jean-Michel Lapin lamentó que “volvemos al punto de partida”.

Ante el riesgo de un vacío institucional, Estados Unidos, que esta semana envió tres buques de guerra a la región, respalda abiertamente a Fils-Aimé.

El jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, subrayó la importancia de que continúe en el cargo para combatir a las bandas y estabilizar la isla. El Departamento de Estado sancionó recientemente a dos miembros del CPT y a un ministro, quienes fueron acusados de colaborar con las pandillas. Canadá y la Unión Europea también expresaron su apoyo a Fils-Aimé.

En las últimas semanas, la policía haitiana lanzó una ofensiva contra las pandillas en el centro de Puerto Príncipe y logró desalojar a Jimmy Cherizier, conocido como “Barbecue”. La operación contó con el respaldo de la fuerza antipandillas creada por la ONU a finales de septiembre del año pasado, que sustituye a la misión multinacional anterior, insuficientemente equipada y financiada.

Un reciente informe de Human Rights Watch (HRW) citó datos de la ONU que revelan el asesinato de al menos 4.384 personas en Haití entre enero y septiembre de 2025 a manos de bandas armadas, responsables también de 13 masacres en ese periodo. Analistas señalan que el país registra actualmente la tasa de homicidios más alta del mundo.

La violencia incluye el uso sistemático de niños, que representan al menos el 30% de los integrantes de las bandas y son empleados tanto en ejecuciones como en secuestros, según HRW. La organización destaca que en este contexto las niñas resultan especialmente vulnerables, enfrentando tasas extremas de violación y abuso sexual.

Datos recientes de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (Binuh) indican que al menos 5.915 personas murieron y 2.708 resultaron heridas en 2025 por la violencia de las bandas y las operaciones de las fuerzas de seguridad.

La Policía Nacional y la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) —ahora transformada en la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF)— siguen enfrentando graves carencias de personal, capacitación y financiación, lo que limita el alcance de su mandato.

(Información de Infobae)