Lo que deja de comerse un «pobre» cuando le suben el pasaje

Lo que deja de comerse un «pobre» cuando le suben el pasaje

Cada vez que sube el precio del pasaje público, los hogares más pobres en República Dominicana dejan de comprar alimentos esenciales como arroz, espagueti, huevos o pollo fresco. Lo que parece un aumento mínimo de tres o cinco pesos por viaje se convierte en cientos de pesos adicionales al mes, equivalentes a varios días de comida.

El impacto es doble: económico y emocional. Las familias se ven obligadas a endeudarse para poder llegar a sus trabajos y escuelas, mientras la presión diaria genera estrés y ansiedad. “Cada peso que se suma al pasaje es un plato de comida que se resta en la mesa de los más pobres”, advirtió el economista Winston Marte.

María González, residente en el kilómetro 18 de Nuevo Amanecer, explicó que necesita cuatro vehículos al día para cumplir con su jornada laboral. “Un aumento de tres pesos en el pasaje parece poco, pero al final del día sí afecta”, señaló. José Ramírez, otro pasajero, denunció que los incrementos se aplican sin aviso ni regulación: “Aquí todo es un desorden, cada quien hace lo que le da la gana”.

El Banco Central confirmó que la inflación interanual alcanzó 5.67 % en junio de 2026, fuera del rango meta. El transporte subió 1.14 %, impulsado por combustibles y tarifas de taxis y boletos aéreos. Al mismo tiempo, alimentos básicos como pollo, yuca y agua purificada también registraron alzas, lo que obliga a los más pobres a reorganizar sus gastos y sacrificar productos de la canasta básica.

El encarecimiento del transporte público se suma al alto costo de la vida, que ya supera los ingresos de gran parte de la población. Para quienes viven con el salario mínimo, cada aumento en los pasajes significa hambre en la mesa y deuda en los bolsillos