Infección urinaria puede provocar delirios y desorientación en adultos mayores, advierte urólogo
- 2026-10-14
- Autor: María Hidalgo
Santo Domingo.- Una infección urinaria no solo puede afectar las vías urinarias sino que en algunos pacientes, especialmente en adultos mayores, también puede desencadenar episodios repentinos de confusión, desorientación, agitación e incluso alucinaciones, síntomas que podrían confundirse con el avance del Alzheimer o con un trastorno mental.
Así lo advirtió el urólogo doctor Pablo Mateo, quien explicó que esta alteración recibe el nombre de delirium y puede aparecer cuando una enfermedad aguda provoca una respuesta inflamatoria importante en el organismo.
“Una infección urinaria puede desencadenar un problema de confusión mental agudo”, señala el especialista, al aclarar que esto no significa necesariamente que las bacterias hayan llegado directamente al cerebro.
En cambio, explica, “la inflamación o la agresión que se produce a nivel del organismo, la fiebre, la deshidratación y las alteraciones metabólicas afectan temporalmente el funcionamiento del cerebro”.
El resultado puede manifestarse en dificultades para mantener la atención, respuestas incoherentes, desorientación y cambios repentinos en el comportamiento. Sin embargo, Mateo enfatiza que no todas las infecciones urinarias producen estas alteraciones ni toda confusión en una persona mayor debe atribuirse automáticamente a una infección.
¿Qué ocurre en el cerebro durante una infección?
El experto explicó que cuando el organismo combate una infección, libera sustancias inflamatorias que pueden interferir con la comunicación entre las neuronas.
A esto se suman factores como la deshidratación, la disminución de la ingesta de alimentos y líquidos y los cambios metabólicos que pueden acompañar a una enfermedad aguda.
El urólogo advierte que, si la infección se agrava y evoluciona hacia una sepsis, la afectación general del organismo puede comprometer la circulación y el suministro de oxígeno a los tejidos, incluido el cerebro.
“Los adultos mayores también tienen menor capacidad para adaptarse a estas alteraciones”, explica Mateo. Esta vulnerabilidad puede ser mayor en personas con deterioro cognitivo previo, enfermedad renal, fragilidad o que utilizan múltiples medicamentos.
Por ello, un cambio de conducta que aparece en cuestión de horas o pocos días no debe considerarse simplemente una consecuencia normal del envejecimiento.
Las señales de alarma que deben reconocer los familiares
Uno de los aspectos en los que el especialista hace mayor énfasis es la importancia de identificar cualquier cambio repentino respecto al comportamiento habitual del paciente.
“La señal más importante es un cambio repentino respecto al comportamiento habitual, o sea, a cómo se comporta de manera cotidiana el paciente”, sostiene.
Entre las manifestaciones que deben llamar la atención de familiares y cuidadores se encuentran:
- Desorientación repentina: no reconocer la fecha, el día o situaciones que antes comprendía.
- Dificultad para mantener la atención: no poder seguir una conversación sencilla o responder coherentemente.
- Ideas incoherentes o alucinaciones: expresar pensamientos que no corresponden con la realidad o afirmar que ve cosas que no están presentes.
- Cambios en el comportamiento: presentar agitación inusual o, por el contrario, mostrarse excesivamente callado o somnoliento.
- Alteraciones del sueño y la alimentación: dormir de manera diferente, dejar de comer o perder capacidades para realizar actividades cotidianas.
Mateo subraya que estos síntomas pueden variar de una persona a otra y que no es necesario esperar a que aparezca fiebre para buscar atención médica.
“Cuando se presentan esos cambios de un momento a otro, ese paciente debe ser visto urgentemente por un médico”, advierte.
No toda confusión es una infección urinaria
Aunque una infección puede explicar algunos episodios de desorientación, el especialista insiste en que es necesario investigar otras posibles causas antes de establecer un diagnóstico.
“Encontrar una bacteria en la orina no demuestra que sea la causa de la confusión necesariamente”, precisa.
En determinadas personas, especialmente mayores, pueden detectarse bacterias en la orina sin que exista una infección sintomática que requiera antibióticos. Por eso, el diagnóstico debe considerar los síntomas urinarios, los signos generales de infección y la evaluación clínica del paciente.
Esta distinción resulta fundamental para evitar tratamientos innecesarios y el uso indiscriminado de antibióticos.
¿Cómo diferenciar el delirium del Alzheimer?
La aparición repentina de desorientación, agitación o alucinaciones puede llevar a los familiares a pensar que el paciente está desarrollando un problema psiquiátrico o que su Alzheimer ha empeorado.
Sin embargo, el doctor Pablo Mateo explica que el momento de aparición de los síntomas es una pista importante: el delirium suele presentarse de manera brusca y puede fluctuar, mientras que el Alzheimer generalmente evoluciona de forma gradual.
El especialista aclara que ambas condiciones pueden coexistir. Una persona con Alzheimer puede desarrollar delirium debido a una infección u otra enfermedad aguda, por lo que cualquier cambio inesperado debe ser evaluado sin asumir que forma parte de la evolución habitual de la demencia.
¿Puede revertirse la confusión?
En muchos casos, el delirium mejora cuando se identifica y trata la causa que lo desencadenó. Si se confirma una infección urinaria que requiere tratamiento, el médico debe seleccionar el antibiótico adecuado, teniendo en cuenta los resultados de los estudios correspondientes y la posible resistencia bacteriana.
La recuperación también puede requerir corregir la deshidratación, favorecer el descanso, mantener al paciente orientado y garantizar el acompañamiento familiar.
No obstante, la mejoría no siempre es inmediata. Según Mateo, puede tomar días o semanas, especialmente en pacientes vulnerables, y en algunos casos la recuperación puede ser incompleta.
El delirium se relaciona, además, con un mayor riesgo de caídas, pérdida de autonomía y deterioro cognitivo persistente. Si los síntomas no mejoran, es necesario reevaluar al paciente para identificar otras causas o complicaciones.
Alerta contra la automedicación
El urólogo advierte que uno de los errores más frecuentes es administrar antibióticos sin una evaluación médica, bajo la creencia de que cualquier medicamento de este tipo puede resolver una infección.
“Vivimos en una sociedad donde todo el mundo cree que es médico, se automedica, compra cualquier antibiótico”, expresa Mateo, quien advierte que el fármaco seleccionado podría no ser eficaz frente a la bacteria responsable y contribuir a otros daños.
En los casos graves, una infección que no recibe atención adecuada puede evolucionar hacia una sepsis, una complicación potencialmente mortal.
Por ello, el especialista recomienda que familiares y cuidadores presten atención a los cambios repentinos de conducta, eviten atribuirlos automáticamente al envejecimiento o al Alzheimer y procuren una evaluación médica urgente cuando aparezcan.
La identificación temprana de la causa y el tratamiento oportuno pueden marcar una diferencia importante en la recuperación y en la prevención de complicaciones.
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