Experto advierte el agua de la presa de Hatillo no es apta para ningún uso por alta toxicidad química
- 2026-02-22
- Autor: Te Lo Explico
El director del Laboratorio Franja afirma que el embalse presenta ecotoxicidad crónica, acumulación de metales pesados y un proceso avanzado de eutrofización que amenaza la salud humana y el ecosistema
Santo Domingo, R.D. – El doctor Frank Reyes, director del Laboratorio Franja, advirtió que el agua del embalse de la presa de Hatillo presenta una condición no apta para consumo ni para ningún tipo de uso, al describirla como un escenario de ecotoxicidad crónica, caracterizado por la acumulación prolongada de sustancias químicas altamente peligrosas.
Las declaraciones fueron ofrecidas durante su intervención en el reportaje especial sobre la condición del agua de Hatillo, realizado por la periodista Nairobi Viloria en el medio digital Te Lo Explico, donde explicó que el embalse funciona como un ecosistema contaminado por la bioacumulación de metales pesados y compuestos tóxicos a lo largo de décadas.
“El agua de la presa no es apta para ningún tipo de uso. Es una condición de ecotoxicidad crónica, con acumulación durante muchos años de diferentes químicos, sobre todo metales pesados cancerígenos, que permanecen de forma permanente en todo el ecosistema del lago”, afirmó el especialista.

Sustancias tóxicas fuera de norma
Según explicó Reyes, los análisis físico-químicos identificaron al menos nueve sustancias químicas con valores que duplican y triplican los niveles máximos permitidos. Entre los compuestos alterados se encuentran:
- Nitrógeno total y fósforo, con concentraciones muy superiores a los valores de referencia.
- Cadmio, cromo total y cobre, con niveles fuera de parámetros aceptables.
- Níquel, manganeso, sulfatos y cianuro, todos con concentraciones que superan los límites permitidos para la calidad ecológica del agua.
El especialista destacó especialmente el níquel, al que definió como altamente cancerígeno, señalando que su presencia está asociada a procesos químicos utilizados en la actividad minera para la separación de metales, los cuales liberan grandes cantidades de metales pesados al ambiente.
Asimismo, explicó que la presencia de cianuro, cromo, cadmio y otros metales evidencia prácticas extractivas altamente tóxicas y sin procesos reales de remediación ambiental, lo que provoca un deterioro progresivo del ecosistema.

Eutrofización y colapso ecológico
Reyes explicó que el fenómeno del agua verde no puede entenderse solo como una floración de algas o la presencia de cianobacterias, sino como parte de un proceso más amplio de eutrofización.
“La eutrofización es la destrucción del hábitat acuático por sustancias químicas como fósforo y nitrógeno, que reducen el oxígeno disuelto en el agua y provocan el crecimiento de algas, cianobacterias y microorganismos tóxicos. Esto no ocurre en ambientes sanos, ocurre en ecosistemas enfermos”, afirmó.
Indicó que este proceso es consecuencia de una acumulación de más de 20 años de sustancias tóxicas, lo que ha generado una alteración profunda del equilibrio ecológico del lago y una degradación sostenida de la vida acuática.
Bioacumulación y cadena alimenticia
El experto advirtió que el problema trasciende el agua visible del embalse, ya que los metales pesados precipitan y se depositan en los sedimentos y suelos, donde los niveles de toxicidad pueden ser entre 15 y 30 veces mayores que en el agua.
“La tierra y el fango del fondo del lago son los verdaderos testigos de la contaminación crónica. Toda esa toxicidad entra a la cadena alimenticia, y ese es el mayor peligro, porque termina afectando directamente a la población”, señaló.
También explicó que los niveles de contaminación varían entre épocas de lluvia y sequía, pero que el proceso de contaminación es permanente, lo que confirma un daño estructural al sistema ambiental del embalse.
Parámetros internacionales de evaluación
Reyes aclaró que los estudios se basaron en normas internacionales de calidad ecológica de la vida acuática, como las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y otros estándares ambientales internacionales, y no en parámetros diseñados únicamente para agua potable de consumo humano.
“La calidad ecológica del agua y la calidad del agua para consumo humano son cosas distintas. La salud del lago se mide por la vida acuática. Ese es el verdadero indicador de la salud del ecosistema”, explicó.
Un problema estructural
En su análisis, el director del Laboratorio Franja señaló como causas principales del deterioro ambiental el uso excesivo e irresponsable de fertilizantes y una minería intensiva sin controles ni procesos efectivos de remediación, a los que calificó como los “dos grandes gigantes tóxicos” que están afectando los ecosistemas de agua dulce en el país.
Finalmente, advirtió que, aunque algunas medidas como la oxigenación del agua pueden reducir temporalmente el color verde del embalse, los químicos no desaparecen, sino que permanecen en el sistema.
“Los químicos se quedan. La fiebre no está en las sábanas”, concluyó, al referirse a que los síntomas visibles no eliminan la causa real del problema.
Primera entrega del reportaje especial sobre el color verde en el agua de la presa de Hatillo:
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