Dormir más para vivir más: el descanso nocturno se consolida como factor clave de la longevidad
- 2025-12-27
- Autor: Te Lo Explico
Dormir bien nunca fue un objetivo sencillo en la vida moderna, pero en los últimos años se ha convertido en un desafío cotidiano para millones de personas. Jornadas laborales extensas, pantallas encendidas hasta altas horas de la noche, estrés constante y hábitos desordenados empujaron al sueño a un segundo plano.
La ciencia, sin embargo, empieza a ubicarlo en el centro del debate sobre la salud y la longevidad.
Un nuevo estudio publicado por la revista Sleep Advances y realizado por investigadores de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, en Estados Unidos, aportó evidencia sólida en esa dirección. El trabajo analizó datos de encuestas de salud recolectados entre 2019 y 2025 en todo el país y evaluó la relación entre la duración del sueño y la esperanza de vida.
La conclusión fue clara: dormir poco se asocia con una vida más corta, incluso más que otros factores ampliamente reconocidos como determinantes de la mortalidad.
El análisis tomó como referencia un umbral preciso. Dormir menos de siete horas por noche se consideró sueño insuficiente. A partir de ese criterio, los investigadores compararon la duración del descanso nocturno autoinformado con estimaciones de esperanza de vida a nivel de condado. El resultado mostró una correlación negativa consistente en la mayoría de los estados: a menor cantidad de sueño, menor expectativa de vida.
Lo novedoso del hallazgo no radica solo en confirmar que dormir mal resulta perjudicial, algo que ya figuraba en la literatura científica, sino en la magnitud de esa asociación. Incluso al controlar variables como la inactividad física, la situación laboral, el nivel educativo y la dieta, la falta de sueño mantuvo una relación más fuerte con la esperanza de vida que casi todos esos factores. Solo el tabaquismo mostró un impacto superior.
La sorpresa también alcanzó a los propios investigadores. “No esperaba que la falta de sueño estuviera tan fuertemente correlacionada con la esperanza de vida”, expresó Andrew McHill, fisiólogo del sueño de la Universidad de Oregón y uno de los autores del estudio.
La frase sintetiza un cambio de paradigma que gana terreno: el descanso nocturno no solo mejora cómo se vive, también influye de manera directa en cuánto se vive.
Del insomnio cotidiano al riesgo a largo plazo
El estudio se inscribe en un contexto global marcado por el aumento de los trastornos del sueño. El insomnio y las dificultades para alcanzar un descanso profundo afectan a personas de todas las edades y regiones, con consecuencias que van mucho más allá del cansancio diurno.
La Facultad de Medicina de Harvard, a través de un informe especial de Harvard Health, subrayó que dormir mal de forma crónica impacta de manera profunda en la salud física, mental y emocional.
La falta de sueño no se limita a generar fatiga o irritabilidad. El deterioro del descanso nocturno se asocia con un mayor riesgo de accidentes, problemas de concentración, fallas de memoria y un descenso general del rendimiento diario. A largo plazo, los especialistas advierten que el déficit de sueño contribuye al desarrollo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y trastornos del estado de ánimo.
Estos efectos ayudan a explicar por qué el estudio de Oregón encontró una relación tan fuerte entre el sueño y la esperanza de vida. Dormir poco altera los circuitos cerebrales, debilita el sistema inmunológico y desregula procesos metabólicos esenciales. Aunque la investigación fue observacional y no permite afirmar que la falta de sueño reste años de vida de manera directa, los datos sugieren que funciona como un indicador robusto de la salud general a largo plazo.
“Es intuitivo y tiene mucho sentido, pero aun así fue sorprendente verlo materializarse con tanta fuerza en todos estos modelos. Dormir bien por la noche mejorará cómo te sientes, pero también cuánto tiempo vivirás”, afirmó McHill. La frase refuerza la idea de que el sueño ocupa un lugar equivalente, o incluso superior, al de otros hábitos saludables tradicionalmente promovidos.
Frente a este escenario, Harvard Health difundió una serie de recomendaciones prácticas basadas en evidencia científica para mejorar la calidad del descanso. Una de las sugerencias centrales apunta a una estrategia que puede resultar contraintuitiva: reducir el tiempo en la cama en personas con insomnio. Según los especialistas, “Pasar menos tiempo en la cama ayuda a las personas con insomnio a tener un sueño más reparador”.
Fuente: Infobae
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