Tras la muerte del líder supremo, así funciona el sistema político de Irán y este es el papel del presidente

Tras la muerte del líder supremo, así funciona el sistema político de Irán y este es el papel del presidente

Tras la reciente muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, de 86 años, en el contexto de los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, surge la pregunta sobre cómo podría reestructurarse políticamente el país y qué implica la muerte de la máxima autoridad religiosa y política de la República Islámica.

Ante este escenario también surgen otras interrogantes: ¿cómo funciona el sistema político iraní?, ¿por qué era tan relevante y suprema la figura del ayatolá pese a la existencia de un presidente elegido por voto popular?

Aunque varios países combinan religión y política, el modelo jerárquico de Irán convierte a la República Islámica de Irán en un sistema único, lo que podría dificultar una eventual transición de poder.

¿Qué es un ayatolá?

Un ayatolá es un clérigo chiita experto en la sharia (ley islámica), encargado de interpretarla, enseñarla y aplicarla. En el caso de Irán, el ayatolá que ostenta el cargo de líder supremo se convierte en la máxima autoridad del Estado, con poder directo o indirecto sobre los principales asuntos políticos, militares y judiciales.

Los chiitas constituyen una de las principales ramas del islam y son mayoría en países como Irán e Irak. En territorio iraní, el clero chiita controla el sistema político desde la Revolución Islámica de 1979 y ocupa posiciones clave dentro de la estructura del poder. Su visión religiosa guía el rumbo político del país.

¿Cuál es el rol del presidente?

Irán cuenta formalmente con poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de un presidente elegido por sufragio universal para un mandato de cuatro años. Sin embargo, la última palabra en los asuntos de Estado, no la tiene el presidente, sino el líder supremo.

El ayatolá propone a sus ministros, presenta el presupuesto, gestiona la administración pública y representa al país en el exterior. Todas estas funciones se ejercen bajo las directrices del líder supremo.

El actual presidente es Masoud Pezeshkian, quien encabeza el poder Ejecutivo.

La Constitución iraní fue diseñada bajo la influencia de Ruhollah Jomeini, líder de la revolución de 1979. Se basa en el principio de que el líder supremo ejerce autoridad divina como representante de la voluntad de Dios hasta el regreso del Mahdi, figura mesiánica del islam chiita.

¿Cómo está organizado el poder en Irán?

En la cúspide del sistema político se sitúa el líder supremo, jefe de Estado religioso con amplias atribuciones. Entre sus facultades se encuentran:

  1. Nombrar al jefe del Poder Judicial.
  2. Designar a la mitad de los miembros del Consejo de los Guardianes.
  3. Ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
  4. Influir decisivamente en la política exterior y de seguridad.

El líder supremo es elegido por la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por clérigos que son elegidos cada ocho años. Sin embargo, en la práctica, el peso político del líder ha influido sobre esta Asamblea.

El Consejo de los Guardianes, por su parte, tiene la potestad de aprobar o vetar candidaturas en los procesos electorales, lo que actúa como un filtro político que protege los principios de la revolución.

Las instituciones elegidas por voto popular incluyen los gobiernos locales, el Parlamento (Majlis), la Asamblea de Expertos y el presidente.

Reconfiguración del poder

Tras los recientes acontecimientos bélicos, que han dejado numerosas víctimas, incluidos altos mandos iraníes, la estructura del poder ha debido reorganizarse.

El nuevo esquema establece que el presidente Masoud Pezeshkian ejerza oficialmente el Ejecutivo acompañado por el jefe del Poder Judicial y un representante del Consejo de los Guardianes, organismo encargado de supervisar la legislación y validar los procesos electorales.

La eventual elección de un nuevo líder supremo será determinante para el rumbo político de Irán y para el equilibrio interno entre las instituciones religiosas y las autoridades electas.